Dos acontecimientos sacudieron al país con apenas 48 horas de diferencia. El 19 de febrero, la Confederación General del Trabajo (CGT) protagonizó un paro general de 24 horas que dejó al país sin transporte, sin vuelos y con puertos paralizados. La medida de fuerza, que afectó a millones de argentinos, fue el mayor desafío sindical al gobierno de Javier Milei.
Pero la jornada de protesta tuvo un antecedente inmediato y violento. El 17 de febrero, apenas dos días antes, la histórica empresa Fate, fabricante de neumáticos con más de 80 años de trayectoria, había anunciado el cierre definitivo de su planta ubicada en la localidad bonaerense de San Fernando. La decisión dejó a 920 trabajadores en la calle, sin indemnizaciones claras ni posibilidades de reconversión laboral.
Un paro con récords de adhesión
La huelga convocada por la CGT tuvo un impacto inédito en los últimos años. Según fuentes gremiales, la adhesión superó el 85% a nivel nacional, aunque el gobierno minimizó la cifra y la ubicó en un 40%. Lo cierto es que el transporte de pasajeros funcionó a menos del 10% de su capacidad. El subte de la Ciudad de Buenos Aires permaneció cerrado durante toda la jornada, al igual que la mayoría de las líneas de colectivos y trenes.
En el sector aerocomercial, Aerolíneas Argentinas canceló 255 vuelos, lo que afectó a más de 31.000 pasajeros. La empresa estatal estimó pérdidas por 3 millones de dólares. Aerolíneas de bajo costo como JetSmart también suspendieron la totalidad de sus operaciones con destino a Chile y otros países vecinos.