“FUE UN SHOCK INMENSO, PASAS DE LA VIDA NORMAL A ESTAR COMPLETAMENTE AISLADO”

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Guillermo Rendich, primer recuperado de COVID-19 en Merlo, contó cómo fue la experiencia de contraer coronavirus, qué sintió y cómo pasó sus días durante la internación en el Hospital Eva Perón.

Todo comenzó cuando un alumno suyo -Guillermo es preparador físico- , un hombre de 74 años que había vuelto del exterior, lo contagió. Lamentablemente, el hombre falleció a causa del coronavirus por pertenecer al grupo etario de riesgo.

Al cabo de unos días de haber estado en contacto con su alumno, el entrenador comenzó con algunos síntomas leves: “fui al hospital porque comencé con un dolor en la espalda, una molestia corporal principalmente a la noche, que se repitió dos o tres días, y tenía tos seca, esos fueron básicamente mis síntomas”, contó Guillermo, que aseguró nunca haber tenido fiebre.

Una vez en el Hospital Eva Perón, el personal de salud le alertó que, por los síntomas, “era candidato a tener coronavirus”, por lo que le realizaron los estudios correspondientes, lo llevaron a un cuarto completamente aislado en el segundo piso del hospital, y le colocaron una vía: “para mí fue un shock inmenso a partir de la internación”, confesó.

Durante tres semanas, el entrenador físico permaneció internado en el hospital municipal ubicado en el centro del distrito. Guillermo describió la experiencia como “única” en su vida: “es rarísimo… pasas de vivir la vida normal, a ir a la guardia con síntomas que son bastante comunes y de repente encontrarte en esa situación. Me sentía extraño, sin poder manejar mi condición intelectualmente, sin poder sostenerme emocionalmente. No me sentía con los pies sobre la tierra”, explicó.

Si bien el entrenador siempre se mantuvo estable durante su internación y no presentó ninguna complicación, los días en aislamiento fueron difíciles: “la visita del personal es muy rápida y entran cubiertos de pies a cabeza, y al estar en tanto silencio y solo uno tiene mucha necesidad de comunicación. Yo no uso celular, al segundo día mi familia me mandó uno pero tardé varios días en hacerme canchero”, confesó Guillermo.

A partir de la segunda semana ya todo fue “más fácil”: “al día 10 de internación me sacaron la vía y eso significó un alivio enorme. Me diagramé una rutina de entrenamiento para mover el cuerpo y cuando pasaban las enfermeras se reían, pero algo que me encantó es que generaban ánimo y eso fue maravilloso”, destacó el paciente, que sostuvo además que la atención del personal de salud del hospital fue “excelente”: “humanamente, siempre me alentaban y a su vez, hicieron lo que tenían que hacer, estaban protegidos de pies a cabeza”.

El 13 de abril llegó el día tan esperado para el entrenador: recibió el alta médica, pero con la condición de continuar con el aislamiento en su hogar. Así que apenas arribó a su casa, se dirigió directamente al fondo de la vivienda, a un lugar aislado y permaneció allí por una semana más, hasta que recibió la llamada de la epidemióloga del hospital que le comunicó que el resultado del segundo hisopado había dado negativo: Guillermo estaba finalmente curado.

 

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